Es una de las grandes controversias de nuestra lengua. Aunque la Real Academia considere que esta cuestión está superada —como veremos más adelante—, es preciso señalar cuáles son los matices de ambos términos, y por qué hoy en día sigue existiendo una polémica que parece ser suscitada por determinados sectores políticos.

Y es que el ámbito del derecho y la política acentuaron, allá por 1978, la cuestión relacionada con nuestra lengua. En el artículo 3 de la Constitución Española se establece que «el castellano es la lengua española oficial del Estado». De este modo, todos los habitantes del territorio tienen, según dicho artículo, «el deber de conocerla y el derecho a usarla». Parece evidente que la injerencia del Derecho Constitucional en la lengua no hizo sino reabrir un debate que la Real Academia zanjó al denominar Gramática de la lengua española a la gramática publicada en 1931. Desde entonces, la Academia recomienda el uso del término español para hablar de la lengua que comparten los países hispanoamericanos, aunque reconoce que el término castellano sigue siendo sinónimo. En el Diccionario panhispánico de dudas queda recogido lo siguiente:

«Para designar la lengua común de España y de muchas naciones de América, y que también se habla como propia en otras partes del mundo, son válidos los términoscastellano y español. La polémica sobre cuál de estas denominaciones resulta más apropiada está hoy superada. El término español resulta más recomendable por carecer de ambigüedad, ya que se refiere de modo unívoco a la lengua que hablan hoy cerca de cuatrocientos millones de personas».

Aun con todo, la Real Academia ha modificado la denominación con el paso de los años, con el fin de adaptarse a los tiempos y a la función de la lengua como idioma internacional. No obstante, esta dicotomía ya existía en el siglo XVII, cuando Sebastián de Covarrubias publicó el Tesoro de la lengua castellana o española. También lo podemos apreciar en la propia Academia, puesto que el primer diccionario, el conocido como Diccionario de autoridades, se titula Diccionario de la lengua castellana. El último diccionario, habida cuenta de la importancia del español como vínculo entre los países hispanohablantes, se titula Diccionario de la lengua española.

Tesoro de la lengua castellana, o española, de Sebastián de Covarrubias.

Sin embargo, aunque pueda parecer una cuestión superada, lo cierto es que la controversia sigue latente. Uno de los principales achaques a la recomendación de la Academia tiene su origen en la consideración como lenguas españolas al euskera, catalán o gallego. En términos jurídicos, es indudable que estas tres lenguas son españolas, más aún cuando en el artículo 3.2 de la Constitución Española se alude a que «las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos».

Ahora bien, lejos de la oficialidad de la que gozan estas lenguas, cabe mencionar el por qué en la Constitución se menciona a la lengua castellana y no a las otras tres. Parece evidente que, en cualquier caso, la polémica estaría servida. Si se hubiera mencionado a la lengua española, se diría que el resto también lo son. Si por el contrario se hablara de lengua castellana, se estaría obviando a más de trescientos millones de personas que hablan el mismo idioma fuera de las fronteras del territorio español. Por este motivo, se prefiere reservar el término castellano para el dialecto románico surgido antes de la unificación o para el dialecto de la región castellanoleonesa, tal y como recoge el DPD:

«[…]Aun siendo también sinónimo de español, resulta preferible reservar el términocastellano para referirse al dialecto románico nacido en el Reino de Castilla durante la Edad Media, o al dialecto del español que se habla actualmente en esta región».

En definitiva, aunque los términos castellano y español sean sinónimos, cada cual puede hacer uso del término que prefiera —recomendaciones aparte—. De tal modo, podremos seguir la línea de la Academia, cuyo cometido desde 1713 es el de «discernir los errores con que se halla viciado el idioma español con la introducción de muchas voces bárbaras e impropias para el uso de la gente discreta». También podemos, en un intento por ser políticamente correctos, hablar de lengua castellana y no española puesto que el catalán, el euskera o el gallego son lenguas igualmente españolas.

Obras consultadas:

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Santillana, 2005.

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Nueva gramática de la lengua española. Morfología y sintaxis. Madrid: Espasa, 2009.

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa, 2010.

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