Se podría decir que las palabras, en la mayoría de ocasiones, esconden un origen que las relaciona, de forma fortuita, con otras. Una simple pregunta como la que encabeza este artículo podría dar lugar a todo tipo de disquisiciones.

Hay en nuestro léxico infinidad de términos que ponen de relieve el hecho de que se asocia el medio rural con aquello que no merece aprecio, o incluso algo que se ofrece a la burla. Por ejemplo, términos como vulgar, paleto, aldeano o rústico dan prueba de cómo se asocia a quienes habitan en el campo con algo despectivo, que no es digno de encomio. El ejemplo más lejano —y cercano, tal vez— al que nos podemos remontar lo tenemos en el término pagano, cuyo significado nos dice lo siguiente: ‘que no es cristiano ni de ninguna de las otras religiones monoteístas. Especialmente referido a los antiguos griegos y romanos’. Según Joan Corominas y José A. Pascual (1985) el término pagano procede del latín paganus ‘aldeano, campesino’, y este a su vez del sustantivo latino pagus, cuyo significado es el de ‘aldea, pueblo, comarca’ (p. 388). La explicación más extendida remarca la dificultad de cristianización de las zonas rurales. De ahí se infiere que, en efecto, los que no son cristianos son paganos, que es lo mismo que decir que son de pueblo y, por ende, difíciles de cristianizar.

Más allá de digresiones etimológicas, la pregunta central es por qué llamamos gabachos a los franceses. Es evidente que su uso es peyorativo o despectivo. Basta con ver el siguiente ejemplo: Una de dos, este pobre mequetrefe o es gabacho o no se ha sonado las narices (Eladia González, Quién como Dios, 1999, CREA). Además, en la obra de Joan Corominas y José A. Pascual (1985), citada anteriormente, se especifica lo siguiente:

Gabacho, nombre despectivo que se aplica a los franceses, procede de oc. gavach ‘montañés grosero’, ‘persona procedente de una región septentrional y que habla mal el lenguaje del país’. […] El hecho es que gabacho se ha aplicado en España, y como término peyorativo, a los franceses de todas partes […] (p. 7).

Resulta curioso comprobar cómo una de las acepciones —aquella que alude a lo mal que se habla la lengua del país— coincide con otro término que también posee una gran carga peyorativa: bárbaro. Este término, procedente del griego βάρβαρος, es una voz onomatopéyica que refleja la forma de hablar de los pueblos bárbaros con el sonido bar, como si se tratara de un balbuceo. De nuevo se puede inferir cierta aversión hacia lo extranjero, una burla de la forma de hablar que tienen ciertos grupos que consideramos diferentes a nosotros. Hoy en día diríamos que los tres términos son tremendamente xenófobos, aunque cabe no olvidarse de que las historias que encierran las palabras son, a su vez, las historias de sus hablantes.

Obras consultadas:

COROMINAS, Joan y José Antonio PASCUAL (1980 – 1991): Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Madrid, Gredos, 6 vols.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CREA) [en línea]. Corpus de referencia del español actual. <http://www.rae.es&gt;.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA (2014): Diccionario de la lengua española, Madrid, Espasa Libros S.L. (23.ª ed.).

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