Si hay una letra singular en nuestro abecedario, esa es sin duda la letra ñ. Esta representación gráfica de la consonante nasal palatal sonora /ɲ/ es un caso significativo de evolución de consonantes geminadas, como veremos más adelante. También nos referimos a ella como singular puesto que, a pesar de que el sonido nasal palatal sonoro se encuentre en muchas otras lenguas, su representación gráfica —es decir, «la letra»— no es la ñ, sino otra serie de dígrafos.

Si atendemos a la evolución fonética del latín al castellano, veremos cómo el proceso de pérdida de las geminadas es el que da origen a letra ñ —véanse los ejemplos annum > año, cunnus > coño o pannus > paño—. En el español arcaico y medieval la representación de las geminadas se abreviaba añadiéndole a la letra n una raya, que denominamos virgulilla. No obstante, no es el único proceso mediante el cual sustantivos latinos han pasado a tener una ñ en mitad de palabra en castellano. En los grupos consonánticos -gn-, -mn- y -ni- + vocal ocurre el mismo proceso. Algunos ejemplos son:

Signa (pl. de signum) > seña
Lignum > leño
Damnum > daño
Somnum > sueño
Hispania > España
Senior > señor

Como mencionábamos anteriormente, en otras lenguas también encontramos el mismo sonido, aunque por lo general, se representa mediante dígrafos. Es lo que ocurre en la mayoría de lenguas romances, como el catalán, francés, italiano o portugués —aunque en gallego, por ejemplo, sí se utiliza la ñ—. Así pues, encontramos multitud de ejemplos en estas lenguas, como Catalunyaguanyar en catalán; ligne o mignon en francés; bisogno o disegno en italiano y banho o linha en portugués. Se puede observar que en todas estas lenguas ha de utlizarse una doble grafía para representar el fonema /ɲ/, mientras que en español la letra ñ se corresponde con dicho fonema.

No obstante, hace un par de décadas la otrora Comunidad Económica Europa (CEE) —hoy denominada Unión Europea— pretendía que los fabricantes de ordenadores pudieran comercializar los teclados sin la letra ñ, por cuestiones prácticas —y, sobre todo, económicas—. Como era de esperar, la defensa férrea de dicha letra no tardó en aparecer; prueba de ello lo encontramos en lo que Gabriel García Márquez escribió al respecto de la importancia de nuestra ñ:

La ñ no es una antigualla arqueológica sino todo lo contrario: un salto cultural de una lengua romance que dejó atrás a las otras al expresar con una sola letra un sonido que en otros lugares sigue expresándose con dos.

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