Hay palabras cuya etimología nos conduce a otras, y esas otras, a su vez, a otras, y así ad aeternum. Esto es lo que sucede con la palabra que hoy nos ocupa.  En latín ya encontramos el verbo subrideo, formado a partir del verbo rideo ‘reír’ y del prefijo sub-, que indica que algo se encuentra localizado por debajo o debajo de otra cosa. De este modo, sonreír es, en sentido figurado, reírse levemente, sin ruido —esta es la definición que aporta el DLE—. Del verbo ridere, además, se formaron otros verbos, como arrideo ‘responder riendo’, corrideo ‘reír juntamente’, derideo ‘burlarse’ o irrideo ‘burlarse de alguien’.

La formación del verbo en castellano es idéntica a la del latín. El prefijo son– es un alomorfo de sub-, que también encontramos en verbos como sonsacar, sonrugirse o sonrosar. Esta sería la formación del verbo sonreír; la formación del término sonrisa sería similar. El participio de perfecto pasivo del verbo ridere es risus, -a, -um, de donde procede el término risa en castellano. Con el verbo subridere ocurre lo mismo: subrisus, -a, -um es el participio de perfecto de dicho verbo. La evolución de dicho participio ha originado el término sorriso, escrito igual en italiano, gallego y portugués.

Pero hay más: los términos irrisorio, ria y ridículo, a están relacionados con el verbo ridere; el primero de ellos está relacionado con el verbo irrideo, que mencionábamos anteriormente, y cuyo significado es el de ‘que mueve a risa y burla’ —recordemos el significado del verbo irrideo: ‘burlarse’—. El adjetivo ridículo, a por su parte, procede del latín ridiculus, -a, -um, que presenta la raíz latina rid-, que encontramos en el verbo ridere y en todos sus compuestos. Cabe mencionar, además, el significado que recoge el DLE para este adjetivo: ‘que por su rareza o extravagancia mueve o puede mover a risa’. Como decíamos en el primer párrafo, siempre encontramos en la lengua latina las raíces de la mayoría de nuestras palabras. Solo es necesario interesarse, acercarse y descubrir qué nos dicen estas. No vaya a ser que el latín no sea una lengua muerta y siga muy viva en nuestro vocabulario.

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