Por más que Donald Trump se empeñe en decir que México [Méksiko] pagará de su bolsillo el muro que él mismo prometió construir, hay que aconsejarle algo: se pronuncia [Méxiko], con una fricativa velar sorda —cuyo fonema es /x/—. Esto puede llevar a confusión, así que conviene explicarlo brevemente: en el Alfabeto fonético internacional  se representan con el fonema /x/ los sonidos que en castellano escribimos con la letra j ante a, e, i, o, u y con g ante e, i. 

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Extraído de Quilis (1985).

También podríamos seguir la representación de fonemas que sigue la Real Academia Española para sus obras (DLE, OLE 2010, NGLE), de tal forma que la grafía j se representaría con el fonema /j/, y no con /x/. Aclarado esto, es preciso explicar por qué se escribe México en lugar de Méjico, o Texas en lugar de Tejas. Según queda recogido en la Ortografía de la lengua española (2010), «hasta principios del siglo XIX, el fonema /j/ podía ser también representado en español por la letra x» (p. 109). Sin embargo, en la octava edición de la Ortografía de la lengua castellana (1815) se decidió eliminar el uso de la letra x como representación del fonema /j/ —o /x/, según el AFI—. De esta manera, solo las letras g (ante e, i) y j (ante todas las vocales) representarían el sonido fricativo velar sordo. 

Ahora bien, en la Ortografía de la lengua española (2010) se señala lo siguiente:

[…] Quedan algunos restos del antiguo valor de la x como representante del fonema /j/ en ciertos topónimos y antropónimos que mantienen una grafía arcaica, como México, Oaxaca o Texas […]. No debe olvidarse que la pronunciación correcta que corresponde hoy a la x en todos estos casos es /j/ ([méjiko], [oajáka], [téjas], [jiména], [mejía], etc.) (p. 109).

También es posible adaptar estos topónimos y antropónimos que conservan la x a la ortografía actual, de tal modo que los escribamos así: Méjico, Tejas u Oajaca. Los derivados de estos nombres también pueden escribirse con x o jmexicano o mejicanooaxaqueño u oajaqueño o texano y tejano—. Ahora bien, cabe insistir en que la grafía de estos términos no tiene por qué incidir en su fonética, por más que en inglés digan [méksiko] en lugar de [méjiko] (o [méxiko]). Con la pronunciación de México como [méksiko] —o para entendernos, como lo pronunciaría un anglohablante— estamos partiendo del plano escrito al plano oral, cuando por lo general es al revés: las lenguas se hablan, tienen una oralidad, y a partir de ahí se pasa al plano escrito —buena prueba de ello es que hay lenguas que no tienen escritura, llamadas lenguas ágrafas—.

Referencias bibliográficas:

Quilis, Antonio (1985). El comentario fonológico y fonético de textos. Madrid: Arco Libros.

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2010). Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa, 2010.

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