Cuando decimos que alguien habla incorrectamente, por lo general nos referimos a que alguien no se atiene a las normas gramaticales de la lengua que habla. A partir de estos errores morfosintácticos se puede extraer información sobre cuáles son los usos no gramaticales más extendidos en una lengua —en español, los pronombres anafóricos y la concordancia entre sujeto y verbo son algunos de los vicios del idioma más comunes—. Por eso es preciso hablar del concepto de solecismo, entendido este como el error sintáctico que, por tanto, no se ajusta a las normas de la lengua. Las nociones de concordancia, composicionalidad y régimen verbal son básicas a la hora de entender lo que es un solecismo.

Antes de pasar a explicar algunos ejemplos, valga insistir en su etimología: en griego encontramos el verbo  σολοικίζω ‘hablar de forma incorrecta’, así como el sustantivo σολοικισμός ‘incorrección’, ‘falta contra las reglas del bien hablar’. Con el mismo significado se mantuvo el sustantivo latino soloecismus —tomado del griego— del que procede la forma solecismo. El Diccionario de la lengua española lo define como ‘falta de sintaxis; error cometido contra las normas de algún idioma’. A la mente se nos vienen algunos errores muy comunes cuando aprendemos inglés, por poner un ejemplo. Es muy común que un hispanohablante, en su primer contacto con dicho idioma, diga algo así como I have 22 years old o He say that it is incredible.

En español ocurre lo mismo: cuando oímos oraciones como La dije que estuviera preparada o Me se ha caído al suelo/piso también se está incurriendo en un error sintáctico, puesto que en el primer caso se ha empleado el pronombre de acusativo (la) en lugar del de dativo (le), y en el segundo se ha invertido el orden de los pronombres (me se* por se me*). A partir de estos errores se pueden formular una serie de principios por los que ocurren tales errores sintácticos. En el caso del laísmo sabemos que depende del sistema pronominal de cada sistema de isoglosas —aunque nos refiramos a lengua o dialecto—, de tal modo que podemos afirmar que hay regiones claramente laístas —el centro y algunas zonas del norte peninsular— y regiones que no lo son —como la del Río de la Plata o la de los Andes—. En el segundo caso que hemos visto, donde se aprecia la inversión de los pronombres cuando aparecen juntos en la oración, se puede inferir que el mal uso del orden de los pronombres solo ocurre en determinados casos —como en Me se cayó, Te se cayó— pero no en otros —puesto que no están extendidas formas como Nos se cayó u Os se cayó—.

El mal uso de los pronombres también se extiende, verbigracia, al uso de ustedes con el pronombre personal átono de segunda persona del plural. Por ejemplo, construcciones como Ustedes hacéis la comida o Ustedes os vais cuando llegue la hora son muy comunes en Andalucía occidental y Canarias. Tampoco están exentas las preposiciones —En relación a en lugar de En relación con o Con relación a— y los regímenes de los verbos —Le propuse de que viniera en lugar de Le propuse que viniera— lo que da lugar a fenómenos como el dequeísmo y el queísmo, formado por ultracorrección —como por ejemplo, Estoy seguro que es una buena película en lugar de Estoy seguro DE QUE es una buena película—. En definitiva, los solecismos o anacolutos son muy frecuentes en el lenguaje hablado, por lo que es preciso tener en cuenta su existencia no solo para adecuarnos a las normas de nuestra lengua, sino también para hablarla de forma correcta y adecuada en términos gramaticales.

Fuentes consultadas

Real Academia Española. (2014). Solecismo. En Diccionario de la lengua española (23.ª ed). Recuperado de http://dle.rae.es/?id=YGkdTlz

Real Academia Española. (2005). Ustedes. En Diccionario panhispánico de dudas. Recuperado de http://lema.rae.es/dpd/srv/search?id=jDHGqjjQZD6QSpsMYp

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